La Conferencia Mundial de la Juventud termina en polémica y caos
La Conferencia Mundial de la Juventud concluyó en León, México, la semana pasada con la aprobación por parte de descontentos y confundidos delegados de la llamada Declaración de Guanajuato, la cual será presentada ante la Asamblea General de la ONU en el transcurso de este mes.
El descontento de los representantes fue creciente, ya que se los dejó fuera del proceso de negociación. A diferencia de las Naciones Unidas, donde las reuniones están abiertas a cualquier delegación que desee introducir enmiendas, en la CMJ se informó a los representantes que las reuniones eran a puertas cerradas y que debían presentar enmiendas por escrito al «comité de redacción», constituido por un puñado de países.
Aunque algunas delegaciones intentaron cumplir con este requisito, la tensión fue en aumento, porque no pudieron localizar al comité de redacción para presentar sus propuestas. Los voluntarios de la conferencia debieron ingeniárselas para dar con la sala donde los redactores estaban recluidos.
Durante la última sesión, varios países protestaron por la falta de transparencia y el caótico procedimiento. Cuando el presidente de la conferencia intentó forzar la aprobación inmediata de la declaración, Chile, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y los Estados Unidos lo hicieron retroceder al señalar que muchas delegaciones ni siquiera habían podido revisar el documento debido a demoras en las traducciones.
A pesar de que aún contiene un lenguaje perturbador, la versión final de la Declaración de Guanajuato fue sensiblemente mejorada respecto de sus borradores previos. Los grupos de presión y las delegaciones pro-vida, no obstante, manifestaron profunda preocupación a causa de un documento emitido por la coalición de jóvenes oficial. Sus recomendaciones fueron presentadas a los gobiernos para ser consideradas a comienzos de semana y los jóvenes participantes reclamaron que el documento fuera agregado a la declaración oficial de los gobiernos.
Redactadas por un grupo selecto de delegados juveniles, muchos de los cuales fueron cuidadosamente escogidos y subvencionados por el pro-abortista Fondo de Población de la ONU (UNFPA, por sus siglas en inglés), las recomendaciones solicitan que se redefina el término «género», de modo que comprenda el «espectro de identidades sexuales y de género» (incluidas las identidades «intersexuales» y «queer»), la «educación sexual integral» y el «aborto seguro».
Un delegado juvenil africano dijo a Friday Fax: «Parece que algunos organismos, como el UNFPA, tienen el control de todo el proceso». Reclamó que este organismo de la ONU ofreció respaldo financiero tanto a los participantes jóvenes como a los delegados de los gobiernos y utilizó esta posición para «promover su agenda». Más aún, añadió que, durante las sesiones de redacción del documento de la juventud, la presencia del UNFPA «fue un obstáculo para que los delegados dijeran lo que pensaban», ya que el organismo llevó a muchos de los miembros de su personal, y que él sintió que «realmente eran superados en número por el UNFPA».
Hacia el término de la conferencia, persistía la confusión sobre el estatus de la recomendación de los jóvenes. Algunas delegaciones expresaron su apoyo a la idea de adjuntarla a la declaración de los gobiernos, mientras que otras se opusieron expresamente a ello.
El presidente de la conferencia intentó disminuir la tensión diciendo a los delegados que tendrían hasta fines de septiembre para presentar reservas por escrito a través de sus cancillerías.
Uno de los organizadores dijo a Friday Fax que las recomendaciones de la juventud no serían anexadas a la declaración de los gobiernos cuando ésta fuera remitida a la ONU a fin de mes. Tras haber sido testigos de la ausencia de procedimientos transparentes para la redacción, negociación y aprobación de documentos, muchos críticos tienen dudas al respecto.
La Declaración de Guanajuato será presentada en las Naciones Unidas durante una revisión de alto nivel de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, del 22 al 25 de septiembre.
By Samantha Singson
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano




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