Invertir en los jóvenes

8 marzo 2011. Fuente: El Periódico de Aragón
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Invirtiendo en los 1.200 millones de adolescentes de 10 a 19 años de edad que hay en el mundo es posible romper el arraigado ciclo de pobreza y disparidad, según recoge Unicef en su informe sobre El estado mundial de la infancia 2011.

Las inversiones realizadas en el bienestar y el desarrollo de los niños y niñas menores de 10 años durante las dos décadas pasadas han logrado avances enormes en beneficio de la infancia. Según indica la coordinadora autonómica, Maribel Martínez Viamonte, "ya hay casi una escolarización igualitaria", que sumada a la reducción en un 33% de la tasa mundial de mortalidad de menores de cinco años demuestra que se salva un número cada vez mayor de vidas jóvenes. Además, millones de niños disfrutan de mayor acceso al agua potable y a servicios médicos vitales, como las campañas de vacunación.

Sin embargo, los avances logrados en ciertos aspectos que afectan profundamente a los adolescentes han sido menores, porque han recibido una atención "mucho menor", explica Martínez. Más de 70 millones de jóvenes en edad de cursar los primeros años de Secundaria no asisten a clase y las niñas aún no alcanzan a los chicos en acceso a Secundaria. Si los adolescentes no reciben educación no pueden adquirir los conocimientos y las aptitudes que necesitan para eludir los peligros de explotación, abuso y violencia a los que están expuestos. En Brasil, por ejemplo, entre 1998 y el 2008 se salvaron las vidas de 26.000 niños menores de un año, lo que determinó una notable reducción de la mortalidad infantil. Pero en ese mismo decenio fueron asesinados 81.000 adolescentes brasileños de entre 15 y 19 años. Además, la coordinadora autonómica apunta que en las zonas aisladas de los países desarrollados "también se nota la falta de igualdad y salud, pues son lugares propensos a que los adolescentes sufran abusos o explotación".

Periodo crucial

El director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake afirma en este sentido que la adolescencia "es un período crucial" en el que se tiene la posibilidad "de consolidar los avances" logrados en la primera infancia, "pero también es una época en la que se corre peligro de perder todo el terreno conquistado". Por este motivo, la organización está tratando de influir en los gobiernos para mejorar la obtención de datos, de forma que se posea una imagen lo más realista posible de lo que está sucediendo con los jóvenes, así como intentar desarrollar la educación y capacitación en esta etapa de la vida, ya que es el momento en el que las desigualdades y la pobreza se manifiestan de manera más descarnada.

Para Unicef, los adolescentes que viven en situación de pobreza o marginalidad tienen menos probabilidades de pasar de educación Primaria a Secundaria y corren mayor peligro de ser objeto de explotación, abuso y violencia, especialmente las niñas. Este es el caso de quienes son explotadas como empleadas domésticas o que contraen matrimonio cuando aún son demasiado jóvenes. En el mundo en desarrollo, con la excepción de China, las adolescentes más pobres tienen unas tres veces más probabilidades de contraer matrimonio antes de cumplir 18 años que las niñas de su misma edad del quintil más rico de la población. Las que contraen matrimonio cuando aún son demasiado jóvenes corren mayor peligro de quedar atrapadas en el ciclo de la maternidad prematura y las altas tasas de mortalidad materna y de desnutrición infantil. Como promedio, las niñas también son víctimas con más frecuencia que los niños de la violencia sexual y doméstica, así como más susceptibles a contraer el VIH.

La organización humanitaria afirma que la abrumadora mayoría de los adolescentes del mundo (el 88%) vive en países en desarrollo "y muchos de ellos confrontan una serie de desafíos sin precedentes". Aunque en términos generales los adolescentes del mundo son hoy más saludables, aún están amenazados por muchos factores, como las lesiones y heridas producidas por accidentes, los desórdenes alimentarios y el uso indebido de drogas. Se calcula que uno de cada cinco adolescentes padece algún problema de salud mental o de comportamiento. En el caso aragonés, los datos no se diferencian especialmente del resto de España, según precisa Maribel Martínez. Por otro lado, también lamenta que reciban una atención deficitaria, únicamente magnificada en casos "extremos"

CAI Obra Social
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